Poco a poco, este blog ha ido creando vida propia. Me empuja y me orienta cuando estoy perdida, me susurra palabras al oído y me llena el corazón de sentimientos compartidos. Nació del boceto de un proyecto sencillo y humilde sigue siendo, en eso no ha cambiado pero, el camino se ha llenado de musas y de liras... ¿quieres vivirlo conmigo?

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viernes, 7 de noviembre de 2008

Huelga de Musas...


He encontrado este relato que escribí hace cien años y, después de tanto tiempo, he descubierto que me gusta más que cuando salió del horno... espero que a vosotros os guste también pues, los que escribimos, en realidad lo hacemos con la ilusión del reconocimiento...
Escribir, es un acto de egoísmo en realidad... no es cierto aquello que dicen de: "Escribo para mí mismo" No es verdad. No me lo creo.
Yo escribo por necesidad, porque las vísceras me empujan... y para que me leáis...

Euterpe: Musa de la Música http://es.wikipedia.org/wiki/Euterpe
Calíope: Musa de la Poesía y de la Elocuencia http://es.wikipedia.org/wiki/Cal%C3%ADope

"HELGA DE MUSAS "


Delante de la pantalla en blanco con los ojos expectantes y los dedos puestos sobre el teclado, en espera de la primera frase que rompiera el brote germinado de la inspiración, así estaba yo, con la esperanza puesta en un relato que no quería salir de su escondite. Me preguntaba si conseguiría dejarlo nadar en el estanque de mis inquietudes, permitiéndole salir a flote para salvarse de entre todo lo que aun no existe.

La vida borbotea en la sangre y lo que quiero contar navega, rojo de pasión, entre plaquetas y hematíes. Sin embargo, la pantalla esta en blanco.

El artículo casi siempre es necesario para iniciar una historia de modo que, lo escribo, para borrarlo una y otra vez: ahora femenino y singular, ahora masculino plural. Tendré que encontrar otra forma de empezar el relato. Pero, ¿qué quiero contar en realidad?

La música que suena me envuelve en un ambiente agradable, íntimo, muy personal. La lluvia mancha suavemente los cristales que he limpiado esta mañana y los obreros, que están arreglando la calle, siguen haciendo ruido; me distraen de la intención muy seria de escribir una historia. Y la pantalla, sigue en blanco.

Enciendo un cigarrillo aunque sé que debería dejar de fumar. Me asomo a la ventana y dirijo la mirada hacia el colegio de enfrente: los paraguas y las madres se amontonan en la puerta, en la acera y van frenando el impulso natural de los hijos por salir corriendo a pisar los charcos. Siempre llueve cuando los niños salen de la escuela.

El vaho no me deja seguir observando el movimiento de la gente en la calle y la ceniza cae al suelo así que, aparto la nariz del frío cristal y voy a por una toallita húmeda para recogerla y de paso quitar una mancha que acabo de descubrir.

Cuando las historias se niegan a dejarse contar es difícil seducirlas. Mi técnica es aceptable, el interés no me falta y el esfuerzo sigue presente, pero aquella que está detrás de una de las esquinas de mi mente, no se deja convencer. Y la pantalla continúa en blanco.

Dicen que con trabajo, disciplina y persistencia se escriben buenos libros. Yo lo intento. Procuro, al menos, escribir un puñado de palabras que me digan algo, pero esta tarde mi entorno, aunque cómodo y amable, no me ayuda a secuestrar las letras que necesito. Si las musas existen, hoy deben estar en huelga.

La tarde está empezando a ser noche y el agua que cae del cielo ya no es mansa. Las gotas golpean la parte baja de la ventana y han sustituido a los obreros en el trabajo de hacer ruido, confabulándose con el mundo, para distraerme sin remisión.

Bailo con las manos ya que sus dedos no quieren escribir. Sigo el ritmo de la música como si fuera un director de orquesta y ondulo las muñecas y giro los codos despacio, buscando el equilibrio entre lo que oigo y lo que siento. Al canturrear con pudor las notas que salen del altavoz soy consciente de que, lo que quiero, lo que necesito, es escribir un relato. Pero, después de haber borrado unos cuantos artículos más, la pantalla sigue en blanco.

En la escalera se oyen voces y Kay se pone delante de la puerta con las orejas en punta para ladrar pidiendo orden y silencio. Sin embargo, los nietos de la vecina siguen chillando y dando golpes a la barandilla. Si fueran mis hijos les habría dado una colleja, o mejor dicho, nadie a mi cuidado hubiese tenido ese comportamiento.

Cuando me doy cuenta de que ya tengo otro cigarro a punto de encender lo dejo en la mesa, lo miro atentamente y me pregunto una vez más, por qué no me olvido de fumar. Intentando borrar de mi deseo el pequeño cilindro al que soy adicta, recorro la casa bajando persianas para aislarme del mundo y del frío que la gente lleva bajo la lluvia.

Un saxo sibilino me dice algo a través de la melodía que está sonando y vuelvo al teclado. Fijo toda la intención en el reclamo pero no consigo traducir el lenguaje. Estoy sola, quiero escribir un relato y este es el mejor momento, sin duda, de modo que presto mucha atención a todo aquello que pretende llegar a su destino, pues empiezo a entenderlo. “Comenzaré con un artículo al azar” me digo, “para seguir, según me vaya saliendo”.

Los sonidos empiezan a desaparecer de mi entorno y me molesta cualquier cosa que no sean las letras que escribo, las palabras, que por fin, quieren dejarse leer. Han pasado unas cuantas horas y se han cansado de jugar al escondite conmigo. Me alegro mucho del cambio que percibo y despliego toda la seducción de la que soy capaz. Empiezo a construir la primera frase: artículo, nombre, verbo, complemento directo y hasta indirecto si hace falta. La traducción de repente se hace simultánea y el mensaje da brazadas en mi tenebroso mar de dudas para emerger con ímpetu, salvándose a la realidad de lo que existe, y dejándose acariciar, seducido al fin, por mi tenacidad.

La pantalla ha dejado de estar en blanco para mostrar multitud de signos que, todos ellos muy unidos, conformarán el relato que necesitaba escribir y, cuando lo acabe, quizás, si las Musas me ponen a prueba y me lo quieren decir, podréis conocer el mensaje que quiere salir...

Gracias Euterpe por el saxo y también gracias a ti, Calíope, si me ayudas a contarlo.


Queralt.

1 comentario:

Ulysses dijo...

Me gusto mucho primera vez que paso por acá


Saludos