Poco a poco, este blog ha ido creando vida propia. Me empuja y me orienta cuando estoy perdida, me susurra palabras al oído y me llena el corazón de sentimientos compartidos. Nació del boceto de un proyecto sencillo y humilde sigue siendo, en eso no ha cambiado pero, el camino se ha llenado de musas y de liras... ¿quieres vivirlo conmigo?

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lunes, 14 de enero de 2008

GRANDES CAJAS LLENAN LA VIDA. (312)


GRANDES CAJAS LLENAN LA VIDA.


PASARON DÍAS HASTA QUE ALGUIEN CAYÓ EN LA CUENTA DE QUE LOS SUEÑOS HABÍAN DESAPARECIDO.
Las cajas de colorines que los habían contenido estaban desparramadas por la casa con los lazos arrancados y medio rotos colgando de la barandilla, de los respaldos de las sillas, o en los pomos de las puertas. Cerró los ojos y lo reconoció enseguida:
La casa olía a sonrisas, a dientes brillantes, a manos inquietas y a estrellas cazadas al vuelo con una sola mirada…
Los recuerdos querían salir a respirar después de tanto tiempo olvidados.
¡Qué emoción! ¡Qué dolor! ¡Qué taquicardia!
Un suspiro hondo… bien.
Entreabrió los ojos con tiempo suficiente para ver el fugaz destello de la tristeza perdida entre los cuadros centenarios y el reloj de pared. También pudo ver, sin mucho esfuerzo, algunas difuminadas fantasías entre el papel pintado del estudio y las maderas que cubrían el vestíbulo.
Allí arriba, en el rellano del primer piso y con una visión panorámica privilegiada, revivió cada segundo de aquellos inocentes veranos con sus respectivos cumpleaños, cada uno de los días de Navidad y cada fiesta de Nochevieja compartida en aquella casa sin igual.
Habían vuelto, pero pasaron muchos días hasta que alguien cayó en la cuenta de que los sueños habían desaparecido. Cada suspiro hizo eco en su propio silencio. Cada palabra moría antes de ser bendecida por el sonido amable del interés.
Mientras las rodillas se le doblaron por el peso de la edad y de la añoranza, descubrió con el rabillo del ojo una espectacular cinta amarilla medio atascada en el cerrojo del gran ventanal que tenía a su izquierda.
En silencio y a cámara lenta, como si una ligera brisa la llevara, el bonito lazo la acompañó planeando sobre ella y posándose junto a su boca complacida.
Leonor había vuelto para morir recuperando su vida.
Al final del tránsito, cuando todo estuvo en su lugar, al renacer las ilusiones y justo en el momento en el que pudo mirar dentro de ellas para recuperar las sonrisas y los olores a infancia y a felicidad, reconoció la gran cinta amarilla, fue aquella que envolvió la caja de sus sueños de enamorada. Pero, ni todos los lazos del mundo pudieron contener las lágrimas de desamor que vinieron después.

Queralt.
14 de enero del 2008-01-14

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http://elcuentacuentos.com/

6 comentarios:

Oski dijo...

Después de varios meses en la sombra vuelvo al pie del cañón una vez más. Me ha gustado lo que has escrito, esa pequeña desesperación inicial que poco a poco va cambiando para convertirse en esos sueños fugaces que fueron.

El desamor marca durante años, es una de esas cositas que dejan huella en la vida pero, como dijo aquel, no hay mal que por bien no venga.

Un abrazo

мαяια dijo...

¿Sabes qué? que opino lo mismo que Oski (por algo lo he adoptado como mi hermano pequeño dentro de Cuentacuentos) ;) En cuanto a lo de que no hay mal que por bien no venga...

Y me ha gustado mucho tu relato, se me ha hecho muy cortito, pero... ese final tan triste y doloroso, por suerte o por desgracia, es de los que a mí me gusta leer...

Besotes y alausos a montones! ;)

Tormenta dijo...

Lindo, muy lindo. Me ha gustado ese simil entre la muerte y la ida de los sueños, el hecho de recuperarlos cuando esta se acerca.
Una vez más me impresiona mucho tu manera de decir las cosas, de contar una historia.
Un besazo bonita, feliz año.

Sureña dijo...

Dicen que cuando vas a morir, recuperas todos tus recuerdos, incluso los que tenías más que enterrados..., y por mucha felicidad que eso cause, la pena por el desamor no puede borrarla nada ni nadie.

Me ha gustado, te leeré de nuevo.

Un beso

Carlos dijo...

Un trato exquisito al vocabulario,delicadeza en las palabras cuya lectura parece las mueve como brisa los lazos. Una preciosa narración plena de ternura.
Un abrazo!

Roc dijo...

¡Hola Queralt! Tú también llevabas algún tiempo sin publicar y me alegro que lo hayas hecho la misma semana que yo. ¿Sabes? Ojalá yo también pudiera ir a acabar mis días a la casa de mis abuelos donde tan feliz fui. Si eso tan imposible si cumpliera algún día, yo creería siempre en los sueños. Esos por los que tanto luchas pero que no siempre se consigue.
Un abrazo y encantada de volver a ver el brillo y el intenso color de tus cerezas.