Poco a poco, este blog ha ido creando vida propia. Me empuja y me orienta cuando estoy perdida, me susurra palabras al oído y me llena el corazón de sentimientos compartidos. Nació del boceto de un proyecto sencillo y humilde sigue siendo, en eso no ha cambiado pero, el camino se ha llenado de musas y de liras... ¿quieres vivirlo conmigo?

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lunes, 24 de septiembre de 2007

EL AMOR Y LOS PISTACHOS.



EL AMOR Y LOS PISTACHOS. (208)


- INCLUSO EL QUE MENOS TE LO ESPERAS PODRÍA SER el que mejor te siente…
- Sí, ya lo sé pero, si no me gusta a primera vista no me lo probaré, ¿de acuerdo? No me des la lata...
- Hija, sólo pretendo ayudar, no quiero molestarte…
Silencio en el probador. Silencio en la tienda. Todo el mundo callado. ¡Cualquiera abría la boca! Con el carácter que gastaba aquella señora, nadie se atrevía ni a respirar.
- Me gusta este, ¿qué tal me queda? Pero lo quiero en verde pistacho…
Silencio. Todo el mundo callado. Las dependientas, el encargado, la madre, la hija…
- ¿Nadie dice nada? ¿Cómo me sienta?
- Pues… ¡hombre…! No está mal el vestido pero, en verde pistacho… es un color algo llamativo para una boda, ¿no?
- Sería sin velo, claro… ¿no os gusta? Marta hija, tú ¿cómo lo ves?
- Hombre… pues no se, creo que la abuela tiene razón... no acabo de verlo…el verde pistacho es un poco atrevido, ¿no?
Rosa se miraba al espejo fijamente. Marta era su hija y Claudia su madre. El encargado era un francés con el pelo muy largo y canoso y las tres dependientas eran mujeres de mediana edad, expertas en aquellos menesteres y muy aferradas a las tradiciones. Todos, incluido Rico, el perro, se reflejaban en el gran espejo que presidía el enorme probador rococó.
El encargado tomó la palabra después de tragar saliva.
- En realidad este vestido le queda muy bien a su figura, doña Rosa, como si fuera un delicado guante de seda pero… yo tampoco veo este diseño en color pistacho… la verdad… incluso es posible que no pudiéramos conseguir el tejido…
- ¿Qué me está diciendo? ¿La mejor tienda de la ciudad, del condado, del estado y no pueden conseguir unos cuántos y miserables metros de seda en color pistacho? ¡Estoy perdiendo el tiempo con ustedes! ¡Será mejor que me vaya a otro sitio a ver si allí me atienden como me merezco!
- Espera, espera mamá…
- Sí, espera hija, no te vayas, mira éste, pruébatelo porque este es de esos vestidos que en la percha no gusta pero que, cuando te lo pones, parece otro… verás…
Todo el mundo corrió a ayudarla para que se quitara el que tenía puesto. Ante tal y repentino revuelo, Rico ladró.
- He dicho, que me casaré con un vestido como este y en verde pistacho, ¿me lo van a hacer, o no?
La puerta de la entrada sonó y una de las dependientas salió del probador a ver quién era. Dos minutos después volvió comunicando a Rosa que la estaban esperando.

- ¿Sí o no?- gritó Rosa mirando al encargado a los ojos hasta que él, no tuvo más remedio que asentir.
- Muy bien pues, prepare este vestido en color pistacho y, cuando venga a la primera prueba elegiré el tocado que también será en verde pistacho.
- ¿Y las damas de honor, doña Rosa, también han de ir del mismo color?
- ¡Por supuesto!
Rosa los echó a todos y se quedó sola mientras se desvestía.
Ya en la tienda, abuela y nieta saludaron con un rápido beso y una ligera sonrisa a Pgtvatnant, futuro marido de Rosa.
No les gustaba aquél tipo que nadie conocía y del que nada se sabía. Y al encargado y a las dependientas tampoco les gustaba. Pgtvatnant no gustaba a nadie en realidad y nadie, sabía el motivo. Era amable, educado, tenía dinero y también iba a la iglesia, pero ni el cura hablaba con él. No había motivos aparentes, pero nadie quería estar cerca de aquél hombre, de impronunciable nombre.
Rosa se colgó de su brazo cuando salió del probador y le ofreció una de sus mejores sonrisas mientras se ponía de puntillas para darle un beso y, segundos después, los dos salían por la puerta mirándose a los ojos.
Marta y Claudia se quedaron allí de pie, observando y atontadas, sin saber cómo reaccionar. Cada día que pasaba estaban más seguras de que aquél tipo, tenía algo muy raro.
Horas más tarde, en la intimidad de la alcoba, Rosa acariciaba el cuerpo áspero de su futuro marido mientras él, con sus largos y verdes tentáculos que durante el día ocultaba debajo de sus buenos trajes, la abrazaba casi hasta asfixiarla.
“Nadie me va a prohibir a mi, casarme con un vestido que haga juego con el color de su piel” pensaba Rosa.
Pgtvatnant tenía miedo. La quería tanto, que un día la mataría con tanto amor.

Queralt.
24 de septiembre de 2007

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lunes, 17 de septiembre de 2007

MI VIDA EN UN BONITO LIBRO.

MI VIDA EN UN BONITO LIBRO.

QUIERO QUE MI VIDA SEA DE ESAS QUE SE INMORTALIZAN EN UN LIBRO. Quiero que la vida me gratifique de tanta mala baba. Quiero que alguien cuente mi vida, mis dolores, mis sufrimientos y mis pocas alegrías. Quiero que hagan un libro precioso, no muy grande, con las tapas duras y el papel bueno, de color sepia. Quiero que la cubierta la diseñe una buena persona, que dibuje bien y que le guste mi cara, para que haga un buen retrato de mis penas. Quiero que alguien escriba ese libro diciendo la verdad de mi vida, la que nadie ha sabido hasta ahora. Quiero que divulguen mi historia para que nadie vuelva a vivirla. Quiero que nadie olvide. Quiero que nadie juzgue. Quiero que todos entiendan. Quiero que le pongan una guía de color granate al libro, para que podamos marcar el momento vivido, leído, sufrido, elegido…
Quiero que el precio del libro para algunos sea muy caro, tanto, como la culpa del que mata y olvida, pero quiero que se regale el libro al que no tiene culpas.
Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro porque quiero que todos sepan aquello que callé durante años oscuros, anodinos, de días transparentes. Quiero que todos hablen del libro de mi vida porque la creo digna de pertenecer a la Historia de la Vida. Quiero que sepas, que veas y que sientas por qué quiero que mi vida se viva en un libro.
Quiero que me den algún premio porque me lo he ganado, ¡estoy segura!
Quiero que mi vida sea otra pero sobre todo, quiero que culpen a los culpables de las culpas del mundo.


Queralt.

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lunes, 10 de septiembre de 2007

"NI UNA FLOR, NI UNA MIRADA DE AMOR." (168)

“NI UNA FLOR, NI UNA MIRADA DE AMOR”



SE MORDIÓ LOS LABIOS HASTA QUE LE SANGRARON LOS SILENCIOS… y lo hizo sin esperanzas, sin ilusiones. Sin pensar siquiera por qué estaba allí.
Era fácil romper la piel con los dientes y mucho más, hacer que brotaran gotas de sangre de aquél estrepitoso vacío.

“La vida va en serio” pensaba.
“No quiero que me necesites, no quiero que me esperes... quiero que salgas a encontrar mi corazón. Porque no busco que me entiendas, ya no.”

Malquerida, así se sentía. Olvidada en un rincón al que no quería entrar el amor del compañero pues, por alguna razón, él siempre miraba hacia otro lado.
Le sangraron los labios pero siguió mordiéndolos en silencio. Mientras, el eco del dolor, bramó para sus adentros.

“La vida no es una broma que está a punto de acabar para después reír. La vida es un espejo roto, manchado, viejo y agrietado que no refleja la realidad que vemos”

Sabía muy bien lo que no quería para su vida. Pero allí estaba. Sonriendo.
María era una mujer suave, entrañable, pero vivía en la tristeza porque le faltaban las atenciones, el cariño y la alegría que toda mujer casada podría desear.
¿Qué hacía allí? ¿Qué estaba haciendo?

“Por las mañanas, cuando abro los ojos, no recuerdo quién soy.”

María se quedó dormida una vez más junto a su marido. Espalda contra espalda y rozando las plantas de los pies.
¿Qué hacía María en aquella cama, en aquella casa y en aquél matrimonio?
De la radio salían las notas de una vieja canción… pero a ella nunca le mandaron un ramito de violetas, ni flores por primavera.
En la calle, se oía con gran estrépito el camión de la basura.

http://youtube.com/watch?v=o1UhzRO-S60



Queralt.

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lunes, 3 de septiembre de 2007

VIDA... ¡ESPÉRAME!




VIDA… ¡ESPÉRAME!


LA BELLEZA ERA SU MAYOR BENDICIÓN, PERO TAMBIÉN SU MALDICIÓN y por eso se escondía. Adán cambiaba cada mañana su camisa, su pantalón, su ropa interior… pero cuando Eva llegaba, desaparecía. Para él, la belleza era como un regalo de los mismísimos Ángeles, venidos del cielo, para obsequiarla a las personas que pueblan la tierra y por eso, se sentía desdichado y deprimido porque, tal como le gritaban aquellos que le conocían, era un ser feo. Los Ángeles nunca bajaron nada para él, sin embargo, Eva era la mujer más bonita que pisaba el planeta. Era, la más extraordinaria visión que jamás se pudiera tener o desear.
Adán la esperaba cada tarde, cuando el sol cansado buscaba el apoyo de un horizonte amigo. Y la esperaba porque ella era la bendición que necesitaba. Y cuando la miraba, cuando la tenía cerca aunque ella no lo supiera, él se sentía contagiado de aquél leve y delicado suspiro que se le caía al pasar…
La belleza que admiraba Adán era sutil y delicada, como los dedos de un bebé movidos por los sueños al intentar palpar su pasado. Como la mirada dulce de un anciano sonriente, buscando el futuro. Como las hojas tiernas que se rompen al rozar tu cuerpo con el suyo. Pero Adán no sabía poner nombre a las sensaciones, a los sentimientos y a las ideas que dormían junto a él, haciendo que sus noches no tuvieran ni paz ni sosiego.
La tímida inseguridad del adolescente, los granos amontonados y purulentos, la voz de pito, la nuez a medio tragar y las deportivas gigantes, empujaban a Adán al rincón más oscuro, al más apartado, al más escondido; al rincón donde habitaba la soledad. Y allí, casi sin respirar, permanecía en silencio.
Como todos los seres humanos, Adán tenía regalos esperando al pie de su propia vida, pero no podía saberlo pues, para ello, debía escribirla, debía desarrollarla, debía saciarse en ella y por ella en cada sorbo y segundo y en cada dolor, y en cada pesadilla… hasta poder saborear su propia belleza, la suya, su propia bendición. Adán, un día se asomó a la ventana y vio dos estrellas fugaces caer muy juntas cruzando el camino de los Ángeles.
Mucho tiempo después alguien le dijo que, Eva, se había puesto silicona en las tetas. Pero claro, a él también le habían operado sus orejas de soplillo…

Queralt.


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lunes, 27 de agosto de 2007

¡Corre que te pillo!

“¡Corre que te pillo!”


EL HOMBRE DE NEGRO HUÍA A TRAVÉS DEL DESIERTO Y EL PISTOLERO IBA EN POS DE ÉL… los caballos quedaron atrás tumbados, como rendidos y olvidados bajo las frías estrellas que alumbraban aquella noche clara.
El hombre de negro llevaba el traje sucio, casi blanco. Por lo visto, el pistolero le daba tiempo para que se levantara pero no para que sacudiera el polvo. Tropezaba tanto y se sentía tan cansado que, por unos momentos, pensó en rendirse. Mientras, una y otra vez el pistolero miraba fijamente cómo se incorporaba y buscaba el sombrero de copa por entre los cactus y las piedras que ocultaban todo tipo de fauna.
Durante largo rato recorrieron así el camino, uno delate y el otro detrás empujándole, obligándolo a seguir, hasta que el de la chistera no se levantó del suelo.

- De aquí no me muevo, al menos hasta que haya descansado… uffff ¡Qué dolor!
- ¿Pero qué dices, tío? ¡Muévete de una puta vez!
- A ver, ¿cómo te lo digo? ¡Que no me muevo, joder!

El pistolero, enfadado y muy metido en su papel, echó mano del colt que colgaba de su cadera. Lo tocó suavemente con los dedos pero no llegó a sacarlo de su funda.

- ¡Lo sabía! Sabía que si participaba contigo, me quedaba sin oportunidades… ¿tanto te duelen los pies? ¿No puedes aguantar un poco más?
- ¡Joder! ¿Pero qué dices? ¿No ves que queda lo más duro de la puta ginkana de los huevos?

Un grupo de gente casi hilarante los sobrepasó con mucho entusiasmo y tiempo después, justo al amanecer, se dio por finalizado el juego, otorgando al pistolero y al hombre de negro el último puesto.
Javier y Luis compartían amigos y parientes así que, no tenían más remedio que disimular su poca afinidad y su inquina.
Los dos muchachos se alejaron uno del otro en sentidos opuestos mientras dos chicas rubias en bañador y pareo iban recogiendo los enseres utilizados por todos los participantes en las pruebas, incluidos los dos caballos de cartón.

- Ha sido divertido, ¿verdad Lidia?
- ¡Sí! ¡Ha sido guay! ¡Súper guay!

Aquella parafernalia se había montado para celebrar el cumpleaños de Ricardo y su despedida de soltero. Todo había resultado fantástico pero, las vacaciones llegaban a su fin. Sin embargo, ninguno de ellos olvidaría aquella maravillosa aldea perdida en el desierto del Sahara.

Queralt.


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domingo, 19 de agosto de 2007

¡ADIÓS!


¡ADIÓS!


TODO EL MUNDO VA A SU BOLA, MENOS YO QUE VOY A LA MÍA… ¿te has enterado de una vez? ¡Déjame en paz! Sí, todo el mundo va a su bola y tú también o, ¿tengo que recordarte que has desaparecido durante toda una semana? ¡Ah, claro! Eso ya no te interesa oírlo, ¿verdad? ¡Menuda cara tienes chica! ¿Cómo te atreves?
Estuve asustado hasta el mismísimo momento en el que te vi entrar en casa con las orejas gachas… y durante los seis días que no supe dónde estabas, te busqué como un loco por todas partes queriendo ver tu cara en toda mujer que pasaba o encontraba por las calles, por los rincones, por esos garitos a los que eres tan aficionada, por los parques y por los lavabos públicos. No llamé a tus padres, ¿para qué? Hace tiempo que no quieren saber y no les culpo. Me voy.
Me lo he pensado y sí, me voy, porque los días pasan y dentro de poco será mi cumpleaños. No quiero perder ni un minuto más contigo.
Ya has vuelto. Estás en casa. Te dejo pagado el mes. Y la luz.
Olvídate de mí. Aprende a vivir si quieres y aprende a crecer.
¡Haz lo que quieras! Yo me voy.

La puerta no se oyó porque la cerró con cuidado… pero sí quedaron en el portal las marcas de un dolor profundo y de unas lágrimas sinceras que no podía frenar.

Queralt.

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martes, 12 de junio de 2007

¿Las Malas Compañias?

¿LAS MALAS COMPAÑIAS?


EL GATITO CORRETEÓ JUGUETÓN ENTRE SUS PIERNAS. Con la pequeñita lengua raspó meloso el sabor de su piel y, cada poquitos segundos, se paraba a olisquear profundamente…
La luz estaba apagada y sólo se oía a un señor hablando a través de la pantalla del televisor cosa que, al parecer, al minino no le molestaba pues en ningún momento dejó de lado aquél cuerpo sinuoso y por encima de todo, lleno de aromas.
No entraba nada de la calle, ni siquiera ruidos más o menos indeseables.
Las piernas abiertas no impidieron al gatito contornear todo su cuerpo.
En algunos puntos de aquella estática anatomía, había más tentación para el gato y el gato, caía en ella. Así pasaron muchos días y muchas noches. Con hambre pero muy juntos, hasta que, unos señores con mascarilla, rompieron la puerta a golpes.
El gatito se asustó y salio corriendo por entre las piernas de la gente que no conocía.

Juana le preguntó a Antonia:
- Oye, ¿qué ocurrió la semana pasada en casa de Carmelo?
Una carcajada sonora y espontánea asombró a Juana, pero Antonia contestó:
- ¿No te has enterado? ¡Pues serás la única!
Después de unos minutos alardeando de información explosiva, organizó mentalmente lo sucedido y, acompañándolo de una sonrisa afectada por el aparente escándalo, empezó con el relato:
- Pues, parece que Carmelo se murió mientras dormía…
- ¡No me lo digas! ¡Pobre! ¡Qué triste muerte, me cago en tó!- la interrumpió Juana.
- Pues sí, la verdad… como te iba diciendo, Carmelo se murió de repente y los vecinos tuvieron que llamar a la policía porque no les gustaba cómo olía… ya ves, un día estás y al otro, ¡te has ido!…
- Pero, ¿nadie lo echó en falta? ¿Ni al gatito?
- No, sólo les extrañaba que no apagara la televisión. Como era sordo, ya lo sabes, la ponía muy alta y claro… al no dejar de oírla ni de día ni de noche…
- ¡Virgen del Amor Hermoso! ¿Nadie se extrañó?
- Ya ves- dijo Antonia, buscando la pose adecuada para acabar con la historia.
- Eso no es todo…
- Cuenta, cuenta…
- Verás, por lo visto Carmelo tenía una mujer de esas de plástico… para desahogarse, ya me entiendes-Antonia se tapó la boca con la mano, muy pudorosa.
Juana, mantenía la suya abierta.
- Si mujer, de esas que se hinchan y luego se usan… ¡ya me entiendes!
- ¡Ah!- Juana, seguía embobada.
- Pues, parece que le dio lo que le dio cuando estaba en plena faena, ¿qué te parece?
- ¿Y el gatito? ¿Qué ha sido de él?
- Cuando echaron abajo la puerta se lo encontraron husmeando a la muñeca pero salió haciendo fu y no le han vuelto a ver…
Las mujeres quedaron allí, pegadas al suelo durante un rato más. Después se fueron a hacer la comida porque las dos cuidaban de sus maridos enfermos.

Queralt. 12/06/07

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miércoles, 6 de junio de 2007

A veces los padres matan.



“A VECES LOS PADRES MATAN


“YO SOY TU PADRE, ¡no lo olvides nunca!”
Como para olvidarlo… de hecho, cada vez que estaba a punto de hacerlo, llegaba él con sus reclamaciones y conflictos.
Las cosas suelen ser de otra manera pero a ella le había tocado la excepción de todas las reglas. Y allí estaba, con su padre delante una vez más en actitud de exigencia y con la mano puesta.
“Papá, no puedo seguir manteniendo tus vicios y mala vida”, quiso decir. Pero las palabras no salieron de su boca, ¿para qué? Se lo había dicho un millón de veces y siempre volvía, y volvía otras mil. Y una vez más. No había más solución que seguir dándole dinero y esperar a que Dios se lo llevara pronto…total, para lo que estaba haciendo en la vida…
“¡Que te he dicho que soy tu padre y harás lo que yo te diga!”
Un silencio abrumador llenó cada centímetro de aquél lugar.
Necesitaba una dosis, estaba claro. Y si no le daba el dinero, se pondría aún peor.
“Anda, mi niña, dame lo que te pido, tú tienes mucho, dame un poco de lo que te sobra…”
Marina lo miraba sin saber qué hacer. Sus ojos seguían secos y la chispa que nacía en ellos era cada vez más dura.
“¿Recuerdas cuando eras peque? Yo te llevaba a todas partes, te compraba helados aunque la puta de tu madre no quisiera… ¿te acuerdas?”
“¡No hables así de mi madre! Ella aguantó demasiado por ti, ¡igual que yo!”
Algo había pasado dentro de ella de repente. Y tomó la decisión.
Abrió el bolso, sacó el móvil y marcó el número de la policía nacional.
“No te pienso dar ni un duro más”, le dijo por fin a su padre. Él, no daba crédito a lo que estaba viendo y oyendo. Le había pillado desprevenido y no podía reaccionar.
“¡Qué dices!”, gritó con la yugular fuera de su sitio.
“Como des lugar a que me agarren con sus zarpas, ¡prepárate!”
Marina suspiró con la esperanza de que el instinto de padre la ayudara cuando, de repente, su padre sacó una pistola del bolsillo de su pequeña mochila, se acercó a ella y la amenazó, poniéndole el cañón del arma en la cabeza.
Un gran alboroto se concentró en la plaza. La gente, lejos de asustarse y salir corriendo, se arremolinaban queriendo ver y saber más.
Cuando la policía llegó, el padre de Marina perdió totalmente el control y, muy lejos de dar cobijo a los sentimientos de padre que, supuestamente, había de tener, gritó amenazando con matarla.
Un policía muy alto y con barba le preguntó si podía acercarse, a lo que él contestó hincando aún más la pistola en la sien de su hija.
Marina lloraba en silencio y pensó que esta vez, sus hijos conocerían a su abuelo en los informativos de televisión. Se volvió ligeramente, lo justo para que su padre pudiera oírla:
“Acaba con esto de una vez”
El arma tembló sobre su piel.
“¡Acaba ya! Si tengo que irme contigo para que todo esto acabe, ¡dispara de una vez!”
El hombre lloró en silencio después de unos segundos de perplejidad. ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba amenazando a su propia carne?
Los agentes de policía habían llamado a las fuerzas especiales y el protocolo se había puesto en marcha.
“¡Hija mía!”, le grito al oído. “¿Qué te estoy haciendo?”
Los minutos transcurrían lentos, pesados, segundo a segundo. Y nadie imaginaba cómo podía acabar aquella situación.
“¡Yo soy tu padre! Nunca lo olvides”, le oyó decir Marina y, apenas unos segundos después, la cara de la mujer se llenó de sangre y también su ropa, y sus manos. Todo, se llenó de sangre. Y un cuerpo muy huesudo, el de su padre, cayó desplomado al suelo.
A cámara lenta, sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras un enfermero de la Cruz Roja se acercaba con una manta gris marengo en las manos.


Queralt. 04/06/07

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martes, 5 de junio de 2007

Los niños también se ponen pendientes.


LOS NIÑOS TAMBIÉN SE PONEN PENDIENTES.

- Abuelo, ¿la leche sale de los árboles?
- No, niño- dijo aquél abuelo despistado- La leche sale de esta caja de cartón, ¿lo ves? Mira cómo sale. A ver, con cuidado, que no se caiga que cuesta dinero hijo…
- ¿Y los garbanzos, abuelo? ¿De dónde salen los garbanzos?
- ¡Come! Que se hace tarde para la escuela… va, come un poquito más…
- ¿Y el colacado abuelo? ¿Cómo se hace el colacado?
El abuelo de aquél niño preguntón, se dormía sin querer, aunque sabía que tenía que llevar a su nieto al colegio antes de las tres.
El nieto de aquél abuelo dormilón, medía la nariz del anciano con el tenedor, acercándolo con cuidado, para no despertarlo.
Eran tal para cual y la madre de uno y la hija del otro, sufría de dudas cada día sin saber si el niño entraría a tiempo en la clase. Y es que su padre era muy buena persona pero parecía tener la enfermedad del sueño.
- ¿Las cerezas caen del cielo, abuelo?
- No.
- ¿Cómo nacen las cerezas, abuelo?
- Ya te lo contaré cuando tengamos tiempo, venga, lávate la cara que la tienes llena de pasta de dientes… así… a ver, estate quieto que te peine… ¡muy bien!

Clara, pagó al frutero una buena cantidad de dinero por aquellos dos kilos pero, ¡estaban tan relucientes y parecían tan apetitosas! Ella prefería el melón o los melocotones pero a su hijo y a su padre les gustaba mucho las cerezas así que, si trabajaba tanto era para poder llenar la nevera con todo lo mejor.
El camión, con cientos de cajas rectangulares pequeñas llegó al Mercado de Abastos donde un empleado anodino y muerto de sueño las descargó con precisión y eficacia, mientras se oían números al alza reclamando acuerdo y amargas quejas buscando ajuste de precios: “¡Si no bajas un poco te las comerás tú! ¡Se te pudrirán!”, dijo uno. “¡Prefiero tirarlas a la basura podridas, que regalarlas!”, dijo el otro.

Redonda, roja, olorosa, brillante y con el frescor de la mañana, amaneció colgada del árbol más apartado del huerto. Unas manos ávidas de dinero la colocaron deprisa, junto a muchas más, dentro de un contenedor rectangular y pequeño. Después, puso un colorido celofán por encima y lo grapó con cuidado a la caja de madera: sería la primera del año. Juan se sentía satisfecho por la calidad de sus cerezas y agradecía a su padre el esfuerzo, el sacrificio y la inversión que hizo muchos años atrás, cuando él era un niño reacio a estudiar y lleno de ideas para el campo.
“¡Todos no pueden ser señoritos!”, dijo para sí el padre de Juan. “¡Gracias a Dios que mi hijo ha querido seguir con el negocio!”
Contento de que su empresa, familiar y limitada no tuviera un futuro incierto, se acomodó en el jeep de quinta mano y fue recorriendo las calles que había entre los árboles, mientras disfrutaba del aroma intenso y de la belleza de aquél valle, pletórico de flores que adornaban las ramas y también los sentidos.
Orgulloso, se puso delante del pequeño tronco como si él mismo lo hubiera parido. Apenas levantaba unos centímetros del suelo y sólo cinco hojas lo acompañaban, pero era toda una promesa en ciernes. Alzó la vista y dejó que sus ojos inspeccionaran cada fila de matas hasta perderse en la lejanía. Era una extensa plantación y en pocos años, si la naturaleza ayudaba, tendrían la primera cosecha. Y no sería pequeña. Y quizás su hijo le ayudara pues, hoy por hoy, no parecía tener muchas ganas de leer y estudiar libros.
- ¡Juan! ¡Ven! ¡Sí, sí! ¡Ven! ¿Te cuelgo cerezas de las orejas?

Queralt. 28/05/07
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A veces, pasan cosas...




"A VECES, PASAN COSAS..."

TE CONOZCO DEMASIADO BIEN para dudarlo, aunque no le he dicho nada a nadie. ¿Para qué? Nadie me creería. Pero estoy segura; no tengo ni la más pequeña de las dudas: ¡has sido tú! Y, desde que me he enterado no hago más que preguntarme, ¿cómo has podido hacerlo? Ya no tienes a nadie tras el cual parapetar tus actos así que, ¿cómo vas a salir de esta? Y te aviso: ¡conmigo no cuentes! Haz como si me hubiera muerto, ¡olvídame! No me llames, no vengas a casa. ¡Ni siquiera preguntes por mi! He dejado de respirar, he dejado de existir, ¡hasta nunca!
Los periódicos de la mañana informaron del, cuando menos, escabroso suceso. Y los de la tarde. Y, durante meses, según se iban descubriendo, se habló de todos los detalles y pormenores. Se chismorreó hasta la saciedad con morbo y malicia.
Cuando iba a por el pan, la miraban de medio lado y con ironía y también cuando llevaba el coche a lavar, o cuando iba al cine, o cuando cenaba en una pizzería.
Sus compañeros de trabajo nunca le preguntaron nada pero sabían más de lo que decían.
Durante años se habló del asunto pero ella, siempre se comportó como si se hubiera muerto…

Queralt. 20/05/07
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Una Luz por la Ventana.




"UNA LUZ POR LA VENTANA"


NI SIQUIERA TUVO TIEMPO PARA DESPEDIRSE. La llamada fue urgente y apenas tuvo tiempo de recoger los enseres más personales. No tenía ni idea de a dónde lo llevaban y no esperaba que nadie lo eligiera nunca pero, como ya había cumplido los doce años, los miramientos y la sensiblería, eran cosas con las que no se contaba así que, si había que salir corriendo porque alguien de repente quería adoptarte, pues se salía corriendo sin mirar atrás y sin despedirse del compañero.
Con su pequeña bolsa de viaje y su patín, se presentó en el despacho del director. El pelo lo llevaba alborotado y los pantalones sucios. Todos los presentes se quedaron mirándolo con mucha atención, como si esperaran algo de él, algo que no acababa de hacer o de entender…
El día acabó muy tarde y muy lejos, mucho más allá de la provincia y de la región. No le habían dedicado muchas palabras pero se sentía cómodo y atendido. Quizás eran personas que hablaban poco… “¡Quién sabe!”, pensó.
Le enseñaron su habitación y se quedó con la boca abierta durante un buen rato pues, todo lo que se pudiera desear o incluso soñar, estaba allí; bien colocado, ordenado, armonioso en colores y divertido.
Lucas había conocido ya muchas casas y a muchos padres que terminaban no siéndolo por lo tanto, se sentía inquieto y con mucha prisa por vivir los próximos días, los cruciales e indispensables días en los que podría vislumbrar si había o no posibilidades de quedarse en aquella fantástica casa y con aquellas enigmáticas personas. Él tenía intuición para esas cosas. Sólo unos días, unos pocos días y sabría si era o no, una nueva intentona fallida…
La casa estaba al fondo de un espeso bosque de árboles altos y frondosos. No se oían ruidos de la calle y, cuando apagó la lámpara de la mesilla, sólo la luz de las farolas del jardín iluminó su cara cansada. La cabeza le daba vueltas y, aunque creía estar demasiado nervioso para mantener los ojos cerrados, se acurrucó con la gran almohada entre los brazos y se quedó dormido, mientras revivía cada minuto, cada imagen, cada palabra… cada esperanza y cada ilusión.
En el salón, al otro lado de la casa, el matrimonio se miraba a los ojos muy complacidos. Al fin habían conseguido lo que llevaban tanto tiempo buscando. Le darían todo el cariño y todos los caprichos que no pudieron darle a Alejandro, su propio hijo. Y una buena educación. Y lo llevarían de viaje alrededor del mundo.
Simultáneamente, una luz muy intensa y muy blanca envolvía a Lucas. La habitación entera reflejaba brillos que hubieran podido herir los ojos de cualquiera, pero nadie se dio cuenta, nadie se percató del suceso y, mucho menos, del monólogo de Alejandro:
-Bienvenido, Lucas. Hace mucho que te espero. Por fin conseguí que mi mamá entendiera lo que tenía que hacer… a dónde tenía que ir a buscarte… bueno, ahora también va a ser tu mamá… y papá, será nuestro papá también…
La noche entera se llenó de luz, de aquella luz brillante que arropaba a Lucas en sueños, planeando sobre la cama y preparándolo para su nueva vida.
- Tendría su misma edad- dijo la mujer-. Ha nacido en el mismo mes y con dos días de diferencia… es una señal, ¿verdad?
- Si, cariño. Duérmete y descansa que los niños mañana, te necesitarán más que a mí.


Queralt. 20/05/07
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