Poco a poco, este blog ha ido creando vida propia. Me empuja y me orienta cuando estoy perdida, me susurra palabras al oído y me llena el corazón de sentimientos compartidos. Nació del boceto de un proyecto sencillo y humilde sigue siendo, en eso no ha cambiado pero, el camino se ha llenado de musas y de liras... ¿quieres vivirlo conmigo?

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viernes, 7 de noviembre de 2008

Huelga de Musas...


He encontrado este relato que escribí hace cien años y, después de tanto tiempo, he descubierto que me gusta más que cuando salió del horno... espero que a vosotros os guste también pues, los que escribimos, en realidad lo hacemos con la ilusión del reconocimiento...
Escribir, es un acto de egoísmo en realidad... no es cierto aquello que dicen de: "Escribo para mí mismo" No es verdad. No me lo creo.
Yo escribo por necesidad, porque las vísceras me empujan... y para que me leáis...

Euterpe: Musa de la Música http://es.wikipedia.org/wiki/Euterpe
Calíope: Musa de la Poesía y de la Elocuencia http://es.wikipedia.org/wiki/Cal%C3%ADope

"HELGA DE MUSAS "


Delante de la pantalla en blanco con los ojos expectantes y los dedos puestos sobre el teclado, en espera de la primera frase que rompiera el brote germinado de la inspiración, así estaba yo, con la esperanza puesta en un relato que no quería salir de su escondite. Me preguntaba si conseguiría dejarlo nadar en el estanque de mis inquietudes, permitiéndole salir a flote para salvarse de entre todo lo que aun no existe.

La vida borbotea en la sangre y lo que quiero contar navega, rojo de pasión, entre plaquetas y hematíes. Sin embargo, la pantalla esta en blanco.

El artículo casi siempre es necesario para iniciar una historia de modo que, lo escribo, para borrarlo una y otra vez: ahora femenino y singular, ahora masculino plural. Tendré que encontrar otra forma de empezar el relato. Pero, ¿qué quiero contar en realidad?

La música que suena me envuelve en un ambiente agradable, íntimo, muy personal. La lluvia mancha suavemente los cristales que he limpiado esta mañana y los obreros, que están arreglando la calle, siguen haciendo ruido; me distraen de la intención muy seria de escribir una historia. Y la pantalla, sigue en blanco.

Enciendo un cigarrillo aunque sé que debería dejar de fumar. Me asomo a la ventana y dirijo la mirada hacia el colegio de enfrente: los paraguas y las madres se amontonan en la puerta, en la acera y van frenando el impulso natural de los hijos por salir corriendo a pisar los charcos. Siempre llueve cuando los niños salen de la escuela.

El vaho no me deja seguir observando el movimiento de la gente en la calle y la ceniza cae al suelo así que, aparto la nariz del frío cristal y voy a por una toallita húmeda para recogerla y de paso quitar una mancha que acabo de descubrir.

Cuando las historias se niegan a dejarse contar es difícil seducirlas. Mi técnica es aceptable, el interés no me falta y el esfuerzo sigue presente, pero aquella que está detrás de una de las esquinas de mi mente, no se deja convencer. Y la pantalla continúa en blanco.

Dicen que con trabajo, disciplina y persistencia se escriben buenos libros. Yo lo intento. Procuro, al menos, escribir un puñado de palabras que me digan algo, pero esta tarde mi entorno, aunque cómodo y amable, no me ayuda a secuestrar las letras que necesito. Si las musas existen, hoy deben estar en huelga.

La tarde está empezando a ser noche y el agua que cae del cielo ya no es mansa. Las gotas golpean la parte baja de la ventana y han sustituido a los obreros en el trabajo de hacer ruido, confabulándose con el mundo, para distraerme sin remisión.

Bailo con las manos ya que sus dedos no quieren escribir. Sigo el ritmo de la música como si fuera un director de orquesta y ondulo las muñecas y giro los codos despacio, buscando el equilibrio entre lo que oigo y lo que siento. Al canturrear con pudor las notas que salen del altavoz soy consciente de que, lo que quiero, lo que necesito, es escribir un relato. Pero, después de haber borrado unos cuantos artículos más, la pantalla sigue en blanco.

En la escalera se oyen voces y Kay se pone delante de la puerta con las orejas en punta para ladrar pidiendo orden y silencio. Sin embargo, los nietos de la vecina siguen chillando y dando golpes a la barandilla. Si fueran mis hijos les habría dado una colleja, o mejor dicho, nadie a mi cuidado hubiese tenido ese comportamiento.

Cuando me doy cuenta de que ya tengo otro cigarro a punto de encender lo dejo en la mesa, lo miro atentamente y me pregunto una vez más, por qué no me olvido de fumar. Intentando borrar de mi deseo el pequeño cilindro al que soy adicta, recorro la casa bajando persianas para aislarme del mundo y del frío que la gente lleva bajo la lluvia.

Un saxo sibilino me dice algo a través de la melodía que está sonando y vuelvo al teclado. Fijo toda la intención en el reclamo pero no consigo traducir el lenguaje. Estoy sola, quiero escribir un relato y este es el mejor momento, sin duda, de modo que presto mucha atención a todo aquello que pretende llegar a su destino, pues empiezo a entenderlo. “Comenzaré con un artículo al azar” me digo, “para seguir, según me vaya saliendo”.

Los sonidos empiezan a desaparecer de mi entorno y me molesta cualquier cosa que no sean las letras que escribo, las palabras, que por fin, quieren dejarse leer. Han pasado unas cuantas horas y se han cansado de jugar al escondite conmigo. Me alegro mucho del cambio que percibo y despliego toda la seducción de la que soy capaz. Empiezo a construir la primera frase: artículo, nombre, verbo, complemento directo y hasta indirecto si hace falta. La traducción de repente se hace simultánea y el mensaje da brazadas en mi tenebroso mar de dudas para emerger con ímpetu, salvándose a la realidad de lo que existe, y dejándose acariciar, seducido al fin, por mi tenacidad.

La pantalla ha dejado de estar en blanco para mostrar multitud de signos que, todos ellos muy unidos, conformarán el relato que necesitaba escribir y, cuando lo acabe, quizás, si las Musas me ponen a prueba y me lo quieren decir, podréis conocer el mensaje que quiere salir...

Gracias Euterpe por el saxo y también gracias a ti, Calíope, si me ayudas a contarlo.


Queralt.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Mientras las hojas caían...

La mente, ¿qué es?
- Buena pregunta- dijo mi compañero.
Desde el fondo del aula, el profesor quiso atraer la atención de sus pupilos.
- A ver, ¿alguien me puede responder?
Ante el silencio de su alumnado, volvió a preguntar:
- Lo diré de otra manera... la mente, ¿para qué sirve?
- Se va superando- susurró alguien desde atrás.
Nadie supo, pudo o se atrevió a contestar...
Mientras escuchaba el aburrimiento palpitar sobre los pupitres, me limité a mirar por la ventana. Pude observar cómo los árboles se mecían con la brisa otoñal y, hoja a hoja, las fui contando mientras caían...

Queralt.

"Un Libro"

Un libro abierto por la penúltima página, la que marca setenta y unas lentes redondas sobre la mesa... un anciano mirando por la ventana y pensando en sus cosas, básicamente, las que ocurrieron en el pasado... la lluvia caía sin ruido porque el alerón del porche impedía que chocara contra los cristales... no hacía frío, era un otoño cálido que la humedad de los chaparrones diarios no conseguía enfriar... cinco años con aquél pequeño libro y cada día, alcanzaba a girar una sola de sus hojas... repasaba los párrafos tantas veces como quería de una forma minuciosa y, al cerrarlo, acariciaba suavemente sus lomos... ¿qué le faltaba a él para conseguir el milagro? ¿por qué no llegaba a la conjunción de los dos mundos? ¿acaso él no era creyente? Si tenía fe en lo desconocido... ¿por qué entonces no ocurría? Era muy posible que todo fueran invenciones suyas pero, por si acaso, cada tarde volvía a coger el libro, lo abría como se cuida una flor y se disponía al adiós... el anciano confiaba que, en el momento más inesperado, daría con el párrafo que abriera la puerta de lo desconocido... mucho le había costado abrir sus tapas para leer y, cuando lo hizo, lloró con miedo y con emoción... toda una vida consagrada a las letras, a los mensajes que hay encriptados en ellas... dedicado a coleccionar palabras con misterio, a encontrar significados ocultos tras los pensamientos y las intenciones de los que las escribieron... estaba seguro de que aquél libro reunía todas las fantasías que un hombre podía imaginar y, sobre todo, que con aquél libro entre las manos, podían ser materializadas...
Una cabellera blanca y lacia cubría los pensamientos de aquél hombre solitario que, sin embargo, vivía rodeado de una familia cariñosa que lo mimaba sin tapujos...
La puerta de la habitación se abrió de repente dando un portazo y un niño morenito y con el pelo ensortijado se agarró a las rodillas de su abuelo... la madre llegó tras él con la intención de volver a ponerlo sobre su silla y ante la merienda... pero el niño no quería fruta... la madre lo cogía de la mano... el abuelo sonreía... "déjalo un rato conmigo" y la hija cerró la puerta...
"A ver Carlitos, ¿qué pone aquí?" El niño, espabilado y precoz en los temas de aprendizaje, leyó para su abuelo...
Aquél día, en aquella espera lluviosa y serena de otoño, sonaron las palabras mágicas y él lo supo aún sin verla... del fondo del pasillo fue acercándose una silueta difuminada por la oscuridad de la tarde cuando muere...
"Díle a tu madre que me voy con la abuelita, anda, ve y díselo..."
Carlitos abrió la puerta con el entusiasmo de los niños hiperactivos y salió gritando a su madre el recado de su abuelo...
Cuando la mujer apareció, apenas en unos segundos, su padre se había ido... lloró, claro, porque le amaba, pero se sintió dichosa al ver que su padre había conseguido lo que quería... había muerto rodeado de sus libros, de sus reliquias, de sus trofeos y tesoros... y con el único libro que había leído en los últimos años, el que su madre tenía entre las manos el día que le dio el infarto...
Queralt.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Complementando la entrada anterior...

Éste vídeo, para complementar la entrada anterior...



Con todo mi cariño para todos vosotros, los que estáis aquí y me leéis.

martes, 13 de mayo de 2008

Un MEME curiosillo circula por la red...


Este meme es una invitación de Auxi González, cuyo blog recomiendo encarecidamente: http://llanurasabisales.blogspot.com/ Y, como a mi también me gustan estas cosas, ahí van mis respuestas:

un color: el verde, siempre el verde.
un número: el siete, siempre el siete.
un libro: ufffffff, ¿sólo uno? pues... el primero que leí: "Platero y Yo" y por ser el culpable de que, desde los cinco años, escriba cuentos.
una canción: "Paraules d'amor" . Para mi, la canción más bonita que nunca haya oído... sin despreciar a un millón más, claro.
una comida: Níscalos al horno, pan con tomate, cava y un músico con moscatel o, ¡con más cava!
un postre: una deliciosa tarta de cerezas o, en su defecto, me apunto al tiramisú.
un lugar: un refugio en la motaña, en otoño, con las primeras lluvias, con los primeros aromas a tierra respirando y a vida descansando del intenso calor...
una película: ¿Sólo una? "La Decisión de Sophie" pero también "Agua" "Osama" "Caminando por el Parque" "Ha nacido una estrella"... ¿sigo? jejejejejeje
4 x 7 : 28; pero, a estas alturas de la película para no equivocarme, tengo que invertir conveniente y puntualmente la tabla que mejor y más recuerdo, por ejemplo, en este caso sería: 7 x 4 =28 jejejejejeje
un momento del día: cuando me despierto y compruebo que he descandado y no me duele nada pues, a mi edad, empieza a doler hasta el recuerdo, jejejeje
un momento de la noche: cuando me quedo sola escribiendo y la noche es productiva en plasmar sensaciones y vivencias o, en su defecto, haciendo bolillitoooooos.
¿Blog, foro o chat?: blog, sin duda alguna.
¿te has sentido alguna vez acosado virtualmente?: no.
3 x 8: 24... en éste caso, la ubicación de los números es la correcta para mi: 3 x 8 = 24
un referente en tu vida: mi pueblo, con sus calles y plazas, con su lluvia y con sus árboles y con mis padres, hermanos y amigos entre todo ello .
un referente histórico: uffffff, para mi, aunque os pueda parecer raro, el referente histórico es Juana de Castilla, mi Juanita, mujer fuerte y grande donde las haya.
de ficción: El Capitán Trueno, por todo lo que significó en mi infancia.
¿un café?: si es descafeinado... pero prefiero un té de melocotón o una mezcla de varias frutas o flores. Sin teína, claro.
proyectos inmediatos: recuperarme totalmente del resfriado o lo que sea que me está pasando para no faltar mañana a la clase de bailes de salón.
¿eres feliz?: creo que ese estado en mi, es imposible. Me puedo sentir algo satisfecha, pletórica o emocionada en un momento pero dura éso, un momento. Hay demasiado dolor en el mundo para sentir felicidad. (Que nadie se moleste, sólo es mi opinión.)
¿te atreves a decir tu edad?: ¡por supuesto! CINCUENTA Y DOS.

Gracias Auxi, jejejjejeje, ha sido estupendo, divertido y entretenido pero, no me atrevo a proponerselo a nadie. Me da mucho "corte" De todas formas, cualquiera que esté leyendo y quiera participar, que se dé por invitado y me lo haga saber, si quiere, claro. Sería gracioso. Aquellos que estáis leyendo, ¡dáos por aludidos!


Mil besitos con sabor a cerezas.

Queralt.

lunes, 28 de abril de 2008

¿Qué es la verdad?


¿QUÉ ES LA VERDAD?


- ES DIFÍCIL VER UN GATO NEGRO EN UNA HABITACIÓN OSCURA, ESPECIALMENTE CUANDO EL GATO NO EXISTE… ¡joder!
Las sombras no podían existir porque todo era negro. Negro era el cielo, negra la tierra, negros los latidos, negro el terror, negra aquella habitación, negra su alma…
- Juan, por favor, te tienes que esforzar un poco, venga, levanta, que te saco de aquí.
- ¡¡No!! ¡Déjame! No quiero ir a ningún sitio, ¡déjame te digo! Si me voy será peor, ya no puedo más, quiero que esto se acabe- decía sollozando.
Mientras Antonio se empeñaba en levantarlo del suelo y apartarlo de sus vómitos, Juan se aferraba más a sus ruegos.
- No lo entiendes, lo que te cuento es verdad, debes creerme, por favor.
- Aquí no hay gatos Juan, ni tíos que quieran matarte, que te lo estás imaginando…
- Te digo que el gato está ahí y te juro que…
- ¡Basta! Ya vale, no intentes hablar, venga, que estás fatal y necesitas descansar. Hace tiempo que debí haber hecho algo contigo, con tus idioteces, con tus manías, con tus caprichos… no te das cuenta de lo que te estás haciendo, ¿verdad?
Antonio intentaba llevárselo de allí así que, arrastraba el cuerpo de Juan con fuerza hacia la puerta pero Juan se aferraba con desesperación a las patas de las sillas, a la mesa y a todo lo que encontraba a su paso. Cuando vio que Antonio conseguía su objetivo, se apalancó con los pies en la pared a tiempo de impedirlo.
- ¡Está bien! ¡Tú lo has querido! Me voy, puedes hacer lo que te dé la real gana, ¡como siempre!, pero mañana volveré para llevarte al médico y te sacaré de aquí, te pongas como te pongas.
Después del portazo, de los temblores de la pared y de los gritos del vecino pidiendo calma, los pasos se oyeron cada vez más lejanos. De repente, el silencio hizo compañía al miedo. El hombre, sucio y con los ojos desorbitados, intentó subir la persiana para que la luz de la calle le diera un poco de consuelo pero estaba atascada y, como no tenía luz eléctrica porque no había pagado los últimos recibos, se hundió en el rincón más apartado, justo debajo de la ventana. Aterrado y con la baba colgando, se concentró en mirar al frente sin parpadear y pendiente de cualquier sonido extraño, de cualquier cosa que se moviera, de cualquier sombra…
Pasaron horas y, sus ojos, ya no podían distinguir lo que tenían delante. Eran opacos, casi blancos, pero seguía sin cerrarlos para no perderse nada.
“¿Nada?” “¿Nada de qué?” se dijo a sí mismo de pronto, como si acabara de entender algo. “¿Qué es lo que no me quiero perder?”
El gato, lentamente, se fue acercando a Juan, con los ojos brillantes, con las uñas afiladas, con el cuerpo erizado… no hizo ni el más mínimo ruido y, cuando estuvo a su lado, se quedó muy quieto. Apenas unos segundos más tarde, la figura de un hombre muy alto salió de la oscuridad.
Su sonrisa grande y su mirada negra caminaban junto a sus largas piernas y sus enormes manos. Un sombrero negro muy brillante le cubría la cabeza y un guardapolvo oscuro arrastraba los trozos de pizza que Juan había vomitado. Al llegar junto a él, el gato maulló estirando aún más su cuerpo hacia arriba.
Juan soltó sus rodillas e intentó proteger su cara con los brazos.
El movimiento de un coche en la calle hizo que la luz de los faros iluminara por unos segundos, la habitación de Juan. Y allí estaba él, con su mirada extraviada, con sus brazos sobre la cara, con la ropa manchada y llorando, mientras creía defenderse de un hombre venido del más allá para matarlo.
En realidad, Juan se suicidó aquella noche.

Queralt. 27 de abril del 2008-04-27

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domingo, 20 de abril de 2008

ESPANTAJO. (357)


ESPANTAJO.


LA ÚLTIMA VEZ QUE SE VIERON ERAN TODAVÍA ADOLESCENTES pero, habían compartido muchas tardes de verano con espantapájaros sonrientes, bocadillos de chorizo, lagartijas espachurradas y vasos de coca cola a escondidas de su abuela. Menudos recuerdos… suspiros, sobresaltos, temores, cosas, casi olvidadas de la infancia de sus vidas.
Los años han pasado y tenemos a una mujer de mediana edad, sentada en la butaca de una consulta médica. Se sentía inquieta y preocupada.
¿Qué habría sido de aquellos rizos dorados que le tapaban los ojos cada vez que alzaba la vista hacia el cielo?
“¡No mires de frente al sol! ¿Estás loco?” Le gritaba, intentando hacerse la mayor, la madura y la experta. Pero él callaba con prudencia y se ponía la mano a modo de visera sobre la cara, para poder mirarla a los ojos mientras le sacaba la lengua con un mohín. Lo recordaba tan guapo… era como un muñequito mimoso y tierno.

- ¿Desde cuándo no lo veías?
- Desde hace mucho. Sólo intercambiábamos postales en los cumpleaños. Y no muy emotivas, la verdad.
- ¿Le has dicho que estamos separados?
- Sí…
- ¿Qué nos pasó, Pablo? Éramos tres almas puras. Tres amigos sinceros.
- La vida, Rosa, la vida…

Una voz hueca y estridente llamó al Dr. Rodríguez con urgencia.
Pablo se levantó de un salto y se dirigió a la puerta.

- Voy contigo, aunque me tenga que quedar en la puerta porque no quiera verme.

Sus pisadas, recorriendo los pasillos muy deprisa, sonaban a misterio y a soledad. Pero sobre todo, a tristeza. Y olía a dolor. Y a despedidas.

- A ver, qué le pasa a este hombre- dijo el Dr. Rodríguez al entrar a la habitación.
- Hola amigo…
- Hola Carlos, ¿qué te pasa? ¿No te hacen efecto los calmantes?

El hombre llamado Carlos no contestó, sus ojos habían descubierto a Rosa. Pablo, en silencio, valoró la situación física en la que se encontraba su amigo y, sin dudarlo, dio instrucciones a la enfermera.

- Hola Carlos. ¿Te puedo dar un beso?
- Un beso… tuyo… que pudieron ser míos…

La voz, casi no salía de su cuerpo.
Rosa le besó los labios y la frente. Le besó el pelo ralo y débil que ya no le tapaba los ojos. Le cogió la mano. Y, mientras, Pablo le inyectó una dosis de morfina.
Cuando la enfermera se fue, lentamente y con los dedos temblorosos, los tres se hicieron un ovillo sobre la cama.
Pablo lloraba sin parpadear y Rosa sin darse cuenta.
Carlos, cerró los ojos porque una luz muy brillante lo deslumbraba.
Se extrañó que Rosa no le gritara que estaba loco… y se extrañó de ver que el espantapájaros le decía adiós. ¿Desde cuándo habla un espantajo?
Rosa durmió junto a su cuerpo aquella noche y Pablo, no se levantó de la silla hasta que, al amanecer, dos celadores muy sigilosos se lo llevaron al depósito.


Queralt. 20/04/08

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lunes, 21 de enero de 2008

"SORPRESAS TE DÁ LA VIDA..."

SE TRUNCÓ LA NOCHE EN ÁSPERA Y FELIZ, EN OSCURA Y CON DESTELLOS (YO CREO QUE POR LAS FAROLAS). De un golpe certero, fui rompiendo uno tras otro, cada punto de luz.
La noche se había tornado feliz, si, porque al fin había podido escapar y áspera, porque dolía. Dolía tanto, que la oscuridad se hacía tapiz de mis sentimientos.
Como era la primera vez que pisaba aquella ciudad y las farolas no servían para darme referencias pues yo misma me las había cargado, decidí ir con mucho cuidado en lugar de salir corriendo y de mantener los ojos y los oídos bien abiertos. Pero sobre todo, debía ir bordeando los edificios sin despegarme de las sombras, procurando no tocar nada para no dejar marcas de sangre.
No tenía ni la menor duda, ni el resquicio más pequeño, definitivamente, era la mujer más estúpida de la tierra. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo me había dejado engañar así? Las citas a ciegas pocas veces salen bien. ¿Qué esperaba?
El golpe seco de un hierro sobre lo que parecía ser la carrocería de un coche, la hizo casi gritar. Tuvo que taparse la boca con las dos manos, dejándose los labios sanguinolentos, como pintados de rojo.
Unas pisadas siguieron al golpe. Pasos firmes, contundentes, sonoros. De repente, se fijó en una tienda: ¿no habían estado antes allí? Antes de las doce, antes de la locura que había provocado quizás, la luna llena… si, ¡habían estado allí después de la cena! Entonces, su coche no andaba lejos…
“A ver, si, venga, tranquilízate tía, venga, vamos… ¡oriéntate!”
Mientras trataba de ordenar su mente y recolocar las vivencias de la tarde para intentar saber dónde estaba su coche, una sombra enorme se puso ante ella. Alicia miró al suelo con terror y después fue subiendo la mirada despacio hasta llegar a la cara oscura del tipo que la estaba mirando. Sus latidos eran inexistentes, es más, estaba convencida de que sus heridas ya no sangraban pues su sangre ¡se había helado!
¿Cómo podía estar pasando aquello? ¿Cómo le podía estar pasando a ella?
La sombra levantó un brazo que a la muchacha le pareció enorme visto desde su indefensa posición. Aquél brazo se prolongaba en una forma el doble de larga y mucho más delgada. Alicia supo que era el hierro con el que había ido dando golpes y, estaba muy claro que era con el que la iba a matar.
Un coche de policía se había parado justo en frente y, viendo lo que estaba pasando, los dos policías corrieron con el arma en la mano para evitar lo que parecía inevitable. ¡No podía creerlo! Así, de forma tan absurda como había empezado todo, estaba acabando…aquellos destellos girando en azul, la habían salvado.
“Venga, ¡ya!, tranquila, todo ha pasado… la poli ya está aquí…”
La sombra dejó caer el hierro sobre la cabeza de Alicia justo en el mismo instante en el que recibía dos balazos, los dos por la espalda, uno le llegó al corazón y el otro se le incrustó en el pulmón derecho.
Para Alicia esto era ya irrelevante pues los dos habían iniciado un viaje que los llevaba a distintos lugares.

Queralt.
21 de enero del 2008-01-21

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lunes, 14 de enero de 2008

GRANDES CAJAS LLENAN LA VIDA. (312)


GRANDES CAJAS LLENAN LA VIDA.


PASARON DÍAS HASTA QUE ALGUIEN CAYÓ EN LA CUENTA DE QUE LOS SUEÑOS HABÍAN DESAPARECIDO.
Las cajas de colorines que los habían contenido estaban desparramadas por la casa con los lazos arrancados y medio rotos colgando de la barandilla, de los respaldos de las sillas, o en los pomos de las puertas. Cerró los ojos y lo reconoció enseguida:
La casa olía a sonrisas, a dientes brillantes, a manos inquietas y a estrellas cazadas al vuelo con una sola mirada…
Los recuerdos querían salir a respirar después de tanto tiempo olvidados.
¡Qué emoción! ¡Qué dolor! ¡Qué taquicardia!
Un suspiro hondo… bien.
Entreabrió los ojos con tiempo suficiente para ver el fugaz destello de la tristeza perdida entre los cuadros centenarios y el reloj de pared. También pudo ver, sin mucho esfuerzo, algunas difuminadas fantasías entre el papel pintado del estudio y las maderas que cubrían el vestíbulo.
Allí arriba, en el rellano del primer piso y con una visión panorámica privilegiada, revivió cada segundo de aquellos inocentes veranos con sus respectivos cumpleaños, cada uno de los días de Navidad y cada fiesta de Nochevieja compartida en aquella casa sin igual.
Habían vuelto, pero pasaron muchos días hasta que alguien cayó en la cuenta de que los sueños habían desaparecido. Cada suspiro hizo eco en su propio silencio. Cada palabra moría antes de ser bendecida por el sonido amable del interés.
Mientras las rodillas se le doblaron por el peso de la edad y de la añoranza, descubrió con el rabillo del ojo una espectacular cinta amarilla medio atascada en el cerrojo del gran ventanal que tenía a su izquierda.
En silencio y a cámara lenta, como si una ligera brisa la llevara, el bonito lazo la acompañó planeando sobre ella y posándose junto a su boca complacida.
Leonor había vuelto para morir recuperando su vida.
Al final del tránsito, cuando todo estuvo en su lugar, al renacer las ilusiones y justo en el momento en el que pudo mirar dentro de ellas para recuperar las sonrisas y los olores a infancia y a felicidad, reconoció la gran cinta amarilla, fue aquella que envolvió la caja de sus sueños de enamorada. Pero, ni todos los lazos del mundo pudieron contener las lágrimas de desamor que vinieron después.

Queralt.
14 de enero del 2008-01-14

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domingo, 13 de enero de 2008

El Cuentacuentos vestido de fiesta.

¡Hola! ¡Hola! ¡Hola!
Con un poco de retraso vengo a poner de fiesta el logo que mueve, en los últimos tiempos, este blog.
Ya sé que las fiestas se han acabado y que el año nuevo amenaza con su rutina y su cuesta de enero.
A pesar de todo, vengo a dejaros el logo vestido de fiesta y con nueva imágen.
Os invito, en nombre de todos los compañeros, a la nueva página:

lunes, 3 de diciembre de 2007

SI EL GIGANTE AULLA, OLVÍDATE DEL DINERO Y CORRE.


SI EL GIGANTE AULLA, OLVÍDATE DEL DINERO Y CORRE.

LAS TURBULENCIAS PRESAGIABAN LO PEOR.
Los remolinos amenazantes de aire turbio y caliente movían árboles, rompían cristales, empujaban coches, levantaban tejados… era evidente que el huracán estaba cerca. La respiración se hacía difícil porque, aún protegiéndose con una gruesa bufanda a modo de mascarilla, espesas bocanadas de polvo saturaban la garganta, la nariz y los ojos. A lo lejos, se oía un sonido extraño, como si la tierra se estuviera rompiendo por algún lado. Como si, un gigante descomunal, estuviera queriendo toser, estornudar o, simplemente, desperezándose.
Mientras Ramón ponía algo de ropa en una bolsa de deporte, Ana escondía en una mochila sus joyas. Las puso al fondo, envueltas en un bonito pañuelo de seda heredado de su madre, entre el monedero, los pañuelos de papel perfumados, la caja de las lentillas y la de los tampones, entre la agenda y el pequeño neceser con el rimel y el colorete. Junto al libro que estaba leyendo, al tabaco y al teléfono móvil.
Habían intentado ver las noticias pero la señal por cable no llegaba al receptor y no tenían radio así que, habían tomado la decisión de salir de allí lo antes posible para no tener que arrepentirse. Sin embargo, de vez en cuando y sin dejar de recoger otras tantas cosas que consideraban necesarias, se asomaban a las ventanas por si veían a alguien a quien preguntar. Era la primera vez que vivían aquella situación y estaban absolutamente desesperados porque no sabían hacia dónde escapar.
Ana y Ramón ya tenían todo aquello que pensaron que podrían necesitar y lo acomodaron en el maletero de la furgoneta. Cuando salieron de la casa, cerraron con llave la puerta mientras suspiraban llenos de inquietud. Después, se sentaron cada uno en su asiento y miraron al frente buscando una esperanza que les diera algo de sosiego. Pero no la encontraron. El pánico se apoderó de ellos y se quedaron petrificados viendo volar restos de coches, enormes arbustos, ramas de árboles, sillas, cochecitos de niños, ropa de todos los estilos y colores, trozos de maderas de todos los tamaños, mecedoras, algún perro ladrando, puertas, bolsas del super…
Las tuberías del agua se habían roto en algunas de las casas de los alrededores y brotaba agua por varios sitios. Su propia casa parecía bailar con frenesí mientras una de las columnas del porche se partía a cámara lenta. Una especie de silencio extraño lo invadía todo. Sólo se oía el quejido del gigante mientras la tierra y su casa se rompían a cámara lenta; mientras las ventanas del dormitorio principal y el de invitados se desgajaban de la estructura; mientras la mesa de forja de la terraza de arriba saltaba por la barandilla…
Ramón recordó justo cuando puso el motor en marcha, que no había cogido el dinero. Salió corriendo con las llaves en la mano dispuesto a volver apenas en un abrir y cerrar de ojos y, fue justamente en uno de esos segundos en los que él parpadeó cuando la otra columna del porche se rompió. Ana intentó gritar por el horror pero, fue su propio dolor, su propio y ya eterno silencio, el que se lo impidió.
Las fotos publicadas en la prensa nacional al día siguiente, mostraron que nada había quedado en pie.

Queralt.
03/12/07

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